Las 10 Mejores Peliculas Del Año

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Las 10 Mejores Peliculas Del Año

Mensaje por mono.- el Lun Dic 27, 2010 11:10 pm

Algunos años, la calidad de la cosecha cinematográfica permite que las diez mejores películas en ese período sean cuando menos veinte. Así ha sucedido en 2010, aunque se mantendrá el rigor de la decena para no aminorar la gloria de los títulos elegidos. Por si se sobrevuela este artículo en busca de las seleccionadas, conviene advertir desde el principio que Biutiful no aparecerá entre ellas, aunque la parodia truculenta de Crash obtendría fácilmente un puesto entre las diez peores películas del año. Como tendencia, el cine se centra progresivamente en la estética, y hasta la película más independiente ofrece una impecable factura fotográfica. A cambio, la gran pantalla ha cedido la palabra y los argumentos a las series televisivas, una arriesgada decisión que puede acelerar el declive de las salas en beneficio de los salones. Al cine no se va sólo a ver.
Empezó siendo el año de Origen, pero La red social arrasó con las previsiones hasta el punto de que Mark Zuckerberg le arrebató a Julian Assange el codiciado título de persona del año de la revista Time. Sin embargo, la última elucubración espaciotemporal de Christopher Nolan hacía soportable a Leonardo di Caprio —insufrible en Shutter Island, gemela de Origen—, con la impagable ayuda de Marion Cotillard. Incluso quienes odian El caballero oscuro se rindieron a la matrioshka de sueños interpenetrados pero impenetrables.
Entre las películas no afectadas de megalomanía, Philip Morris, ¡te quiero! es una deliciosa tragicomedia picaresca sobre los amores entre Jim Carrey y Ewan McGregor, donde el éxito no radica en el contenido, sino en la tremenda energía que le imprime su protagonista. Enseña a sonreírle a la vida en las circunstancias más adversas, una receta útil dadas las circunstancias.
Media docena de escenas de La red social pasarán a la historia del cine. Por ejemplo, la metralla del diálogo inicial, la entrevista en el despacho del rector Lawrence Summers —máximo asesor económico de Obama—, o la cena con Justin Timberlake en el restaurante oriental. Por primera vez en mucho tiempo, el guión de Aaron Sorkin ha levantado más expectación que la dirección de David Fincher. El resultado final reivindica a los adictos de El ala oeste de la Casa Blanca, entre quienes se encontraba Mark Zuckerberg. El creador de Facebook retiró la serie de las favoritas de su perfil, a raíz del rodaje de la película sobre su vida. Acabó por verla junto a sus colaboradores en un pase privado.
Invictus —otro título aplicable a Zuckerberg— es una película exigente y difícil, que no se merecía el desdén mostrado por los Oscars hacia Clint Eastwood. Presume además de la interpretación asombrosa de Morgan Freeman, a quien todavía hoy cuesta deslindar del auténtico Mandela. La relación de biopics de personajes históricos se clausura con la brillante, y no sólo por el título, Bright Star. Incluso quienes consideran que El piano compite en mediocridad con El pianista han de conceder la firmeza del pulso de Jane Campion, al recorrer el romance entre John Keats y Fanny Brawne. Una película sobre el amor absoluto.
Ha sido el año en que George Clooney intentó ser antipático sin conseguirlo. El Clark Gable contemporáneo se entregó a la interpretación de dos sociópatas, que hubieran sido repulsivos con cualquier otro intérprete. Aunque Up in the air helaba desde la primera escena las sonrisas de quienes esperaban una comedia, el número decreciente de personas con un puesto de trabajo suspiraba por un despido comunicado por Clooney. Siempre generoso con sus compañeros de reparto, el actor se colocó al servicio de la geografía y de una esplendorosa fotografía en El americano. La película ganará en aprecio con el paso del tiempo.
Tres joyas completan la decena. Las interpretaciones de Alfred Molina y de Carey Mulligan —sorprendentemente insípida en la secuela de Wall Street— justificarían la inclusión de An education en la lista, pero la autobiografía de la periodista británica Lynn Barber atesora otros valores. Jeff Bridges es mucho más que un Oscar en Crazy heart, su mejor Lebowski gracias a la complicidad de Maggie Gyllenhaal. Y sin salirse de los corazones, The good heart es una fábula con alcohol y tabaco de perdedores irremediables, más unas gotas de Sospechosos habituales. Culminada la relación, se advierte la ausencia de películas españolas. Tal vez Bon Appétit llegó con el paladar ya saciado, y la diligente Tensión sexual no resuelta sonaría a provocación. En cuanto a Balada triste de trompeta, ahí queda la definición del gran crítico Richard Corliss. «No es la mejor ni la peor, es la más».
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